|
Liturgia para la fiesta de Beato Edmundo Rice
Oración: Señor, nos alegramos de tu misericordia y perdón. Danos la agracia de perdonar como tú nos perdonas y a amar como tú nos ordenaste.
Oración de la Asamblea
O Dios, que suscitaste a Beato Edmundo Rice para que sirviera a Cristo en las víctimas de al pobreza y de la injusticia, danos que siguiendo su ejemplo seamos servidores fieles de tu verdad y de tu amor. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Primera Lectura
Isaías 42,1-2.4
Salmo Responsorial
El Señor ha dado; el Señor ha quitado; como ha querido el Señor, así fue. Bendito sea el nombre del Señor.
(Versículos del Salmo 98: versículos 1, 2, 3, 4, 7 - seguidos de la antífona.)
Segunda Lectura Efesios 3,14-19
Aclamación del Evangelio
¡Aleluya! En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto. ¡Aleluya!
Evangelio Juan 15,1-8.12-14
Por todos los que sufren una incapacidad o una enfermedad: para que sean curados a través del amor y la atención de otros y para que la compasión que suscitan sea una fuente de renovación para nuestro mundo. Oremos al Señor - Escúchanos, Señor.
Por todos los que sufren opresión e injusticia: para que tengan esperanza por el testimonio y el valor de otros. Oremos al Señor - Escúchanos, Señor.
Por todos los fieles difuntos, especialmente por los miembros fallecidos de las congregaciones fundadas por Beato Edmundo: Para que el Señor los premie en la gloria de su reino eterno. Oremos al Señor - Escúchanos, Señor.
Padre, escucha las oraciones de tu pueblo. Danos lo que nos inspiraste a pedirte en la fe. Te lo pedimos por Cristo nuestro señor. Amén.
Oración sobre las ofrendas
Señor, acepta los dones que traemos en memoria de Beato Edmundo. Que nuestra participación en este misterio de tu amor nos a ayude a vivir el ejemplo de este amor. Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor. Amén.
Prefacio
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Renuevas la Iglesia en toda época suscitando hombres y mujeres excepcionales en santidad, testigos vivientes de tu amor constante. Nos inspiran por sus vidas santas y nos ayudan por sus oraciones incesantes a ser signos vivientes de tu poder salvador. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Oración Eucarística (La de la celebración eucarística de Roma del 7 de octubre de 1996)
Te bendecimos, Dios de Santidad. Nos acompañas con amor en el camino de la vida. Bendito también es tu Hijo Jesucristo, que está presente entre nosotros y cuyo amor nos congrega.
Como una vez lo hizo para sus discípulos, Cristo ahora nos abre las Escrituras y parte el pan. Padre grande y misericordioso, te pedimos:
Envía tu Espíritu que santifique estos dones de pan y vino, de manera que sean para nosotros Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo.
La noche en que iba a ser entregado, mientras estaba en la mesa con los que amaba, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de sus pecados. Haced esto en conmemoración mía.
Éste es el Sacramento de nuestra fe. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Por eso, Padre Santísimo, celebramos la memoria de Cristo tu Hijo a quien condujiste por medio del sufrimiento y la muerte en cruz a la gloria de la Resurrección y a un lugar a tu derecha.
Hasta que vuelva Jesús nuestro Salvador, proclamamos la obra de tu amor y ofrecemos el pan de vida y el cáliz de bendición eterna.
Abre nuestros ojos a las necesidades de todos; inspíranos de palabras y obras que conforten los que trabajan y están cargados. Que nuestro servicio a los demás sea fiel al ejemplo y mandamiento de Cristo.
Que tu Iglesia sea un testigo viviente de la verdad y la libertad, de la justicia y la paz, para que todos sean animados por la esperanza de un mundo hecho nuevo. Recordando a nuestros hermanos y hermanas (N. & N.) que han dormido en la paz de Cristo y todos los cuya fe sólo Tú conoces, llévalos a la plenitud de la Resurrección y hazlos gozar de la luz de tu rostro. Después de nuestro peregrinaje en la tierra, haznos entrar en tu morada celestial, donde habitaremos contigo para siempre.
Allí junto con María la Virgen Madre de Dios, con los Apóstoles, los mártires, (mencionar los patrones del país y de la diócesis) y Beato Edmundo Rice, Te alabaremos y Te daremos gloria, por Cristo tu Hijo,
Canto de la Comunión (Un canto apropiado)
Reflexión después de la Comunión Papa Juan Pablo II
“Confiando en la ayuda de Dios, espero poder educar a estos chicos para que sean buenos católicos y buenos ciudadanos.” ¿Quién medirá jamás todo lo bueno que resultó de la perspicacia espiritual, del corazón ardiente y de la fe firme de Beato Edmundo Ignacio Rice? Una vez más, Irlanda ha dado a la Iglesia y al mundo un testimonio relevante de fidelidad absoluta a Cristo: “Sigan haciendo todas las cosas que les ha enseñado... Entonces el Dios de la paz estará con ustedes” (Cf. Fil 4,9).
Oración después de la Comunión
Que salgamos con compasión y valor en nuestros corazones para trabajar juntos por la venida del reino de Dios, reino de justicia, de amor y de paz. Amén.
Canto de Egreso (Un canto apropiado) |
|
|